domingo, 19 de abril de 2009

De vampiros y folósofos y mi padre en camisa noventera

Dice Bernard-Henri Lévy, un folósofo francés de esos que algún día leí por una casualidad más bien extraña, que los escritores son vampiros. Así -aunque disfrazado de una pomposa metáfora que decía algo así como que "saborean los placeres de la vida"-, me hizo pensar en lo mucho que he sido engañada. Me explico.
Fue mi padre, ese hombre de gafas caidas que una vez fue joven y gordo, quien tomó las riendas de la estrategia que pretendía luchar contra mi fobia a los vampiros. (Esto fue, dicho sea de paso, allá por los noventa cuando todavía no eran famosos). ¡Vaya estrategia la de mi padre! y ¡qué poco éxito tuBo! Todavía le recuerdo sentado al borde de mi cama, asegurando paciente que no eran más que hombres disfrados. Vergüenza tendría que sentir ahora que tras leer a Levy se el secreto que escondía. Allí, bajo sus pantalones cortos y las camisas noventeras de cuando todavía no era yuppie, había un escritor y un vampiro. Hubiese sido más fácil que me explicase que no era de los que mordían cuellos, sino de los que saborean los placeres de la vida.

2 comentarios:

Miguel Paz dijo...

Vete a ver "Déjame entrar". Y deja de presumir de enseñar a cuarentones a usar los mecanismos de internet, que yo te cambié a ti los jodidos pañales.

eva bouvois dijo...

:)

mujer, seguro que te habrías dormido mucho mejor sabiéndolo. Pero es que es como lo de los reyes pero al revés. Es mejor que lo descubras por ti misma. Papá no nos puede decir siempre las verdades de la vida

Por otra parte, la culpa era de los noventa que les hacía decir esas cosas. Al menos en esos años ya no se llevaban las hombreras