La calle más estrecha, la de la izquierda, de allí salió el otro día la puta con tacones rosas, la que le lloraba las penas al de las postales. Esta luz te deja ciego y luego están los japoneses, y sus flashes, y sus novias de pelo deslumbrante, esta es la ciudad del
sudor dulce, de las paredes naranjas, la del violín
allegromanontroppo, donde todos anheláis brindar con vino, callejear (qué verbo horrible) y hacer el amor a mediodía. No, esto no es una ciudad es un enredo, una mentira apetecible, una emboscada, una
domenica mattina deshaciéndose en llamas. Si no venís ahora se hará tarde, nada volverá a ser como mañana.