domingo, 23 de septiembre de 2012

Splendour in the Grass

What Though the radiance
which was once so bright
Be now for ever taken from my sight, 
Though nothing can bring back the hour
Of splendour in the grass, 
of glory in the flower,
We will grieve not, rather find
Strenth in what remains behind;
In the primal sympathy
Which having been must ever be;
In the soothing thoughts that spring
Out of human suffering;
In the faith that looks through death,
In the years that bring the philisophic mind. 


 
William Wordsworth

viernes, 7 de septiembre de 2012

martes, 24 de abril de 2012

Líquido

Ese año el invierno no tuvo alguna clemencia con los hombres, amenazados por la espesa niebla de la muerte, la vejez, las noches por venir, mudas, absortas, empapadas en un líquido oscuro y frío. Ese año el invierno fue tan largo que acabó por lapidar sus convicciones, sus deseos, su afán por comprender el mundo.

viernes, 20 de abril de 2012

jueves, 19 de abril de 2012

jueves, 15 de marzo de 2012

martes, 21 de febrero de 2012

lunes, 30 de enero de 2012

Invierno

Si te digo que me resulta difícil, a veces, respirar, no me creerás porque es una de esas cosas que sólo dicen los tontos y también los desesperados. Pero hay noches, cuando hace calor y aún es invierno, en las que las paredes se acercan, llenas de odio, y te recuerdan todas las cosas que quisiste ser y aún no has sido. Y entonces llega la angustia, y la cabeza da vueltas, y te imaginas en todas las playas en las que jamás te tumbarás de madrugada o a las personas que nunca despedirás en unas vías, manteniendo la mirada, mientras se aleja el tren.


sábado, 21 de enero de 2012

sábado, 7 de enero de 2012

Luces

Era verano y él llevaba una camisa blanca o puede que no fuese blanca pero eso no importa. Parecía que por entonces nadie tenía cuidado con nada, había policías insultando a borrachos y una chica en cuclillas recogiendo varias hojas del suelo. El caso es que yo le esperaba, y él llegó con su camisa blanca y me miró como sorprendido, me tocó muy despacio el hombro, y se sentó en el primer bar que encontramos. Corría una brisa tibia y pura, las parejas sonreían, en la calle, rodeadas de amigos feos que elogiaban a sus hijos. Me contaba él, que en invierno, después de haber devorado no se cuantos litros de nieve, había acabado metiendo mano a varias chicas en un parque y yéndose de casa dejando solo una nota -colgada con un alfiler de la cortina de su armario-. Tenía los ojos muy verdes y hablaba de babas y taburetes y también de una música triste. Había dos os tres estrellas, pero el cielo no se veía por las luces y el hablaba y hablaba y yo pensaba que era estupendo estar allí, escuchar sus tonterías y dejar que me tocase la cintura. Era una noche de verano y parecía que nadie tenía cuidado con nada. Los hijos de los amigos feos gritaban en la plaza. Sus voces sonaban como un himno milagroso.



martes, 8 de noviembre de 2011

Azul

Una tarde en una ciudad del Este, un niño me regaló un bollo. Era redondo e impecable y estaba envuelto en papel de estraza. Me gustaría haberme puesto en cuclillas, haberle dicho que pasaría noches sin pegar ojo, que probablemente estaría triste algunas tardes de invierno, que tendría que lidiar con cosas extrañas como profesiones y supermercados y la factura de la luz. Sé que por entonces él no sabía nada de aquello, probablemente no le importase porque dobló la esquina decidido y miró atrás solo un segundo, con sus ojos inmensos. Me hubiera gustado decirle que el futuro no sería apacible sino más bien desmedido, pero que en medio de todo el embrollo habría instantes prodigiosos. Puede que entonces estuviese atardeciendo. Hacía un frío de locos, él llevaba una bufanda azul.

Kaunas, Lituania, otoño 2008

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Roma (II)

La calle más estrecha, la de la izquierda, de allí salió el otro día la puta con tacones rosas, la que le lloraba las penas al de las postales. Esta luz te deja ciego y luego están los japoneses, y sus flashes, y sus novias de pelo deslumbrante, esta es la ciudad del sudor dulce, de las paredes naranjas, la del violín allegromanontroppo, donde todos anheláis brindar con vino, callejear (qué verbo horrible) y hacer el amor a mediodía. No, esto no es una ciudad es un enredo, una mentira apetecible, una emboscada, una domenica mattina deshaciéndose en llamas. Si no venís ahora se hará tarde, nada volverá a ser como mañana.

sábado, 29 de octubre de 2011

Roma (I)

A Roma tutti sanno cosa succede, ma non lo capisce nessuno