sábado, 29 de octubre de 2011

Roma (I)

A Roma tutti sanno cosa succede, ma non lo capisce nessuno













jueves, 28 de julio de 2011

Tibia

Tampoco es para tanto -entonces estaba fumando, apoyada en el alfeizar-, fíjate en esa señora con los brazos desnudos, o en aquel niño, el del carrito, con la boca abierta - suave, tibia- y la gorra de lado, ya sólo se habla del calor y el frío o a veces de dónde hemos comido el domingo, te levantas, con la voz estropajosa y un frío de bodega inunda el baño y la taza del water te hace escarcha en el culo y te vistes y te peinas de mujer inteligente y sales y entras y aprietas el tubo del dentífrico y sales y entras, devoras con avidez cuatro galletas, te tumbas , el desagüe huele ácido, esta noche el cielo no vale gran cosa, la tele, una casualidad sin importancia, el dentífrico, la luz, un vaso con restos de cerveza.

martes, 26 de julio de 2011

Limón



Sacó su diario. Estaba detrás de unas botellas vacías. Era verano y por encima de los tejados se podía ver el cielo, color limón. Su historia empezaba como esa canción en un libro de Vonnegut:

"Mi nombre es Yon Yonson. Trabajo en Wisconsin. En una serrería. Y cuando voy por la calle la gente pregunta: ¿Cómo te llamas? Y yo contesto:..."


miércoles, 25 de mayo de 2011

Espumosa

Pensé que si volvía acabaría dejándome morir tirada en la acera, observando cómo la luz, violenta, proyectaba una línea recta en la calzada. Pero llegó una mano -con los dedos de acero- y se ofreció a llevarme hasta una realidad más grande y espumosa donde estaba prohibido hablar de los problemas y sólo era necesario dar un paso por día. Yo me quedé en el suelo. Desangrarse era una actividad más productiva.

martes, 17 de mayo de 2011

lunes, 9 de mayo de 2011

Strasbourg

Me acabé por convencer de que era una ciudad demasiado bonita para que ocurriese algo interesante.





















viernes, 15 de abril de 2011

París

Conseva orgullosa un aire errante pero ahora es, más que nada, inmensa.













lunes, 24 de enero de 2011

Fábula

Lo contaremos como una fábula: La tierra era una orgía de leyes y códigos divinos. Luego llegaron los hombres y poblaron las inmensas llanuras, las cimas más altas y hasta las pequeñas porciones de tierra que, condenadas, se encontraban rodeadas de agua. Con el tiempo aprendieron a resguardarse del frío y diseñaron su fe y hasta construyeron refugios coronados por distintos símbolos, que bien parecían hospicios para agonizantes. Los hombres crecieron y se multiplicaron hasta convertirse en masas, pusieron nombre a un conjunto al que llamaron "cosas": consideraron que el uno debía corresponder a uno y que el verde debía llamarse verde. Casi todos buscanban lo que llamaron "libertad", algunos la perdían, otros nacían sin ella, (sobre estos últimos parecía existir un pacto: se consideraba mejor no tratar mucho su curso ya que alteraba la conciencia del resto). Entre todos acordaron dirigirse hacia ciertos lugares, algunos lo hacían hacia la vejez, otros hacia la guerra. Al horizonte lo llamaron infinito. El infinito era un pavo, de plumas centelleantes.

jueves, 20 de enero de 2011

Escaparate

Desde la altura lo vio claro: el escaparate engalanado de la tienda de lujo, el reponedor de la barbilla cuadrada, los años de fiebre y de domingo. Sabía que minutos después no tendría una apariencia cómoda. La muerte huele a cera y a jabón rancio. El cielo -su silencio amniótico- parecía saber que era el fin.

lunes, 17 de enero de 2011

O

Hay que joderse. Hay días así. Como aquella mañana que te daba pereza acariciarme o el día que deshice la maleta. Tampoco es para tanto. O sí. Como esa noche -enfurecida- de verano o la tarde en que decidiste no quitarme las bragas. Hay que aguantarse. Como en aquel último paseo o en ese invierno en que nunca hubo niebla, como aquella interrupción de los cojones, como la madrugada en que despegó tu avión. Hay que joderse porque bueno, no queda otra. O sí.

martes, 11 de enero de 2011

Intemporal

Podrías haber aparecido antes de llamar para al menos disculparte por la espera. Por la farsa intemporal de la espera.

domingo, 9 de enero de 2011

Cocos

Vivían en una casa frente a una palmera. A veces el sonido de los cocos contra el suelo conseguía arrebatarles el sueño. Cada noche se amaban - como enredaderas- hasta llegar al éxtasis. Cuando el cielo estaba oscuro nadie se librara de las alucinaciones, pero preferían no creer en el milagro, como excusa para permanecer juntos. Ella se hubiese marchado antes si no fuera porque su propia voluntad la tenía exclava. Una noche pomposa y sin fantasmas aparecieron ahogados en su propia sangre.